Songhai (III): segundo álbum y repercusión

En esta última entrega del especial dedicado a Songhai, el proyecto conjunto de Ketama y Toumani Diabaté, analizamos su segundo trabajo de estudio y la deriva de ambas partes tras embarcarse en este maravillosa mixtura de flamenco y música maliense.

En los años siguientes al lanzamiento de Songhai (1988), Toumani gozará del merecido éxito en el mercado local y Ketama seguirá intentando el asalto a las listas de éxitos desde varias discográficas. Aunque su propuesta cada vez estaba mejor focalizada y masticada, no terminaba de ser aceptada por el gran público. La prematura muerte de su compadre Ray Heredia en 1991, la caída en los infiernos de la heroína y la cada vez más salsera dirección que tomaba Ketama, provocan que José Soto “Sorderita” abandone el barco.

En 1994, Mario Pacheco y Joe Boyd les vuelven a ofrecer a los artistas realizar un segundo disco bajo el proyecto Songhai. Las segundas partes nunca fueron buenas y la situación de Ketama con Sorderita fuera del grupo no era precisamente la mejor. Los protagonistas vuelven a aceptar, pero esta vez las cartas estaban ya marcadas. Nuevos músicos de Mali se suman al proyecto: el n’goni del debutante Bassekou Kouyaté, el balafón de Keletigui Diabaté, la voz de oro de Kasse Mady Diabaté y los coros de jovencísimas artistas como Aurora o Djanka Diabaté. Javier Colina sustituye a Danny Thompson al contrabajo y Sorderita vuelve, aunque como colaborador, ya fuera de Ketama.

Con esta alineación era difícil imaginar que el proyecto no repitiera la magia, y efectivamente así fue. De hecho, podemos decir que, aunque no goza del efecto sorpresa de su primera parte, Songhai 2 editado en 1994 es incluso mejor que su predecesor. La música mandinga está mejor asentada gracias al súper grupo maliense que coincidirá a partir de este momento en multitud de proyectos. Los tres instrumentos, kora, balafón y n’goni forman un conjunto tan sólido que la música que generan tiene una contundencia que de alguna manera se echaba en falta en el primer disco de Songhai. Las personalidades de los músicos, ya maduros, son tan fuertes que el álbum funciona con una solidez continua que no tenía su precursor.

El álbum se inicia con la juguetona “Sute Monebo” en la que Antonio Carmona nos presenta a los músicos reivindicando lo milagroso del proyecto. La belleza de “Niani” irrumpe con fuerza: a la fiesta de kora, guitarra flamenca y percusión se añaden balafón y n’goni en un tema de ensueño coronado por unas palmas y djembés que nos dejan sin aliento. A continuación, el que fue el single de presentación del disco: “Pozo del deseo”. Antonio Carmona se divide las tareas vocales con Kasse Mady Diabaté bajo un arpegio y unas castañuelas en uno de los mejores temas firmados por el pequeño de los hermanos Carmona en toda su carrera.

Monte de los suspiros” nos lleva al norte de África, en uno de esos viajes que tanto sentido geográfico e histórico tienen entre la música maliense y flamenca. La salsa típica en Ketama de “Djamana Djana” es exactamente lo que el público español quería de Ketama y no sabía. Los arreglos del balafón de Keletigui, los solos finales de kora, n’goni y guitarra y la voz de Antonio Carmona nos hacen bailar en un tema magnífico, aunque se alargue innecesariamente en lo que es el único momento prescindible de todo el álbum.

Turno para Sorderita en estado puro y en su mejor momento, por soleá. Y aquí en “De Jerez a Malí” es donde confirmamos la mejora respecto al primer volumen Songhai. La música de Malí está mejor desarrollada, pero el flamenco también. Sorderita añade un estribillo tan suyo a esta magnífica soleá rematada por arriba, a lo valiente, y adornada con unas falsetas tanto de Toumani Diabaté como de Bassekou Kouyaté quien aporta una sonoridad que aún impresiona hoy en día.

Continua “N’dia” con lo que parece una maravillosa improvisación a partir del balafón de Keletigui Diabaté, en la que kora, n’goni y guitarra tejen una red en una conversación a tres. Remata el disco con “De la noche a la mañana”, unas magníficas bulerías cantadas por Sorderita, que saca galones mostrando su linaje y porqué llevaba el peso del flamenco tradicional en Ketama. Siguiendo la estructura de la soleá, en la que las falsetas se ejecutan con los instrumentos malienses, estas bulerías demuestran una vez más lo experimental de la propuesta con un Sorderita en estado de gracia y una magnífica kora cerrando el tema. Para finalizar el disco “Mali Sajio”, una rumba maliense con base guitarrera marca de la casa con un Kasse Mady Diabaté cristalino y un Toumani Diabaté pletórico.

El epílogo: “Pozo del deseo” en su versión instrumental nos deja reposar para asimilar todo lo experimentando, en esta obra maestra de la música tanto mandinga como española. Una vez más las carreras de los músicos involucrados en el proyecto se catapultaron, aunque esta vez Songhai 2 no fue tanto un éxito de ventas como su predecesor.

Ketama, hicieron una última intentona de alcanzar el éxito masivo con un directo recopilando sus mejores temas junto a colaboraciones estelares, aunque ya sin Sorderita. “Kalikeño” se convirtió en la canción del verano en la España de 1995 convirtiendo a Ketama en uno de los grupos más populares de su momento y unos de los referentes de la escena nacional de las últimas décadas. Desde entonces la fórmula de Ketama se ha fotocopiado infinidad de veces, aunque dejando de lado la parte más profunda y de calidad del conjunto.

Toumani Diabaté grabaría también un disco instrumental fundacional para música maliense, Djelika, junto al combo ya iniciado con Keletigui Diabaté y Bassekou Kouyaté. Desde entonces, ha propulsado su trayectoria siendo uno de los músicos africanos más reconocidos y admirados. Kasse Mady Diabaté por su parte comenzó su carrera internacional, ya que hasta ese momento se había concentrado en el ámbito local junto al seminal productor senegalés Ibrahim Sylla.

El proyecto Songhai pegaría su, hasta ahora, último coletazo con una mini gira en 2016. Esta reunión, que conmemoraba el 20 aniversario del nacimiento de la fusión de Ketama con Toumani Diabaté, sirvió para reflotar el proyecto y colocarlo, a través de una serie de conciertos, de nuevo en el punto de mira.

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