El folclore, las sociedades y la evolución

La forma de expresión más antigua y extendida entre las diferentes comunidades del mundo son las tradiciones o el folclore. A través de las leyendas, los bailes, los cuentos, los proverbios, las costumbres, la artesanía, las supersticiones o la música se puede conocer la cultura de una sociedad.

Hoy en día el término folclore se ha quedado atrás para dar paso a la expresión cultura popular. Aún así, esta palabra tiene su historia. Proviene de la lengua inglesa (folklore) y fue acuñado el 22 de agosto de 1846 por un anticuario inglés, William John Thoms. Haciendo un pequeño análisis del término se pueden entender sus raíces folk (pueblo) y lore (saber popular).

Hay que tener en cuenta que no todo puede considerarse como folclore. Muchos estudiosos del tema aceptaron algunas características comunes que deben existir para que un hecho pueda considerarse folclórico.

Huevos decorados para conmemorar la Resurrección de Cristo durante la Pascua.

En primer lugar, debe transmitirse vía oral, así como tener una autoría anónima. Además, debe tener algún tipo de utilidad o función. Debe considerarse patrimonio colectivo de una comunidad y que sea representativo del lugar de origen. Otra característica es que debe ser perdurable y duradero en el tiempo a largo plazo. Uno de los rasgos distintivos del folclore es que debe tener múltiples variantes, es decir, no hay una versión oficial y puede evolucionar y revolucionarse. Ligado a esto último hay que destacar que es necesario que funde o que pertenezca a una categoría, un género o un estilo.

En el bando contrario, existen otros autores que afirman que el folclore es algo del pasado que se limita a las creencias y costumbres arcaicas. George Laurence Gomme, folclorista británico y Secretario de la Sociedad del Folclore, escribió que “la ciencia folclórica radica en la tradición. No existe el folclore moderno”.

Las posturas que sostenían los estudiosos británicos eran contrapuestas y durante mucho tiempo la mayoría estaba a favor de que era algo estático. Por otro lado, en España, Antonio Machado y Álvarez (Demófilo), escritor, antropólogo y folclorista defendía que el folclore era “el estudio del pueblo en cuanto colectividad dinámica dotado de capacidad para transformar la sociedad.” Consideraba que el folclore se trataba de algo vivo. Esta última frase es la que ha persistido a lo largo del tiempo.

Chulapos ataviados con el traje típico durante las Fiestas de San Isidro en Madrid.

El folclore en el siglo XXI

La viveza del folclore en las diferentes culturas ha permitido que hoy en día no se pierda. Ha evolucionado y se ha adaptado a los cambios que ha sufrido el mundo. Los nuevos géneros, las nuevas tecnologías y, en general, cualquier nuevo descubrimiento afectará a la cultura y a las tradiciones existentes.

Estos cambios no tienen que considerarse negativos, más bien normales y cruciales para que las sociedades sigan desarrollándose. La artesanía, la danza, la música o las historias no pueden mantenerse estáticas en el tiempo. A lo largo de los años se producen cambios o hechos en las comunidades que conllevan una evolución.

Hay que tener presente que serán los jóvenes quienes dictaminen y sigan dibujando el futuro del folclore y las tradiciones en las sociedades. Es importante tener en cuenta el pasado y no dejarlo en el olvido, pero siempre tener expectativas hacia el futuro. Aquí radica el quid, es necesario educar y enseñar a los más jóvenes sobre dónde vienen y sobre la cultura de su país o región.

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